Un conflicto no suele empezar el día en que dejamos de entendernos.
A veces lleva tiempo construyéndose: necesidades que no hemos expresado, expectativas diferentes, responsabilidades que sentimos desiguales, decisiones económicas, cambios familiares o conversaciones que hemos ido posponiendo.
La mediación ofrece un espacio para parar, comprender qué está ocurriendo y recuperar la posibilidad de hablar y tomar decisiones.
Mi papel como mediadora no es decidir quién tiene razón ni decir a las personas implicadas qué deberían hacer.
Es facilitar un proceso en el que puedan escucharse, identificar qué necesitan, comprender las diferentes posiciones y construir sus propios acuerdos.
Acompaño a familias que atraviesan cambios, diferencias o conflictos y necesitan recuperar un espacio de diálogo.
Parejas y exparejas, relaciones entre familiares, convivencia, cambios en la organización familiar, familias con adolescentes o decisiones que afectan a diferentes miembros de la familia.
Una herencia no es solamente una cuestión económica.
Puede poner sobre la mesa relaciones familiares, expectativas, maneras diferentes de entender lo justo, responsabilidades asumidas durante años o conflictos que vienen de mucho antes.
La mediación puede ayudar a separar las distintas dimensiones del conflicto, facilitar las conversaciones y buscar acuerdos posibles entre las personas implicadas.
Cuando compartimos un proyecto con personas con las que también tenemos un vínculo personal o familiar, los límites entre lo profesional, lo económico y lo relacional pueden resultar difíciles de separar.
Acompaño procesos en los que es necesario ordenar conversaciones, clarificar necesidades y responsabilidades y facilitar la toma de decisiones compartidas.
El conflicto forma parte de la convivencia y también aparece en los centros educativos.
Trabajo con familias, profesionales y comunidades educativas para facilitar procesos de diálogo y abordar situaciones de conflicto desde una mirada restaurativa.
Pero me interesa especialmente trabajar antes de que el conflicto escale, incorporando herramientas de comunicación, convivencia y prevención.
La mediación no tiene por qué empezar cuando una relación ya está muy deteriorada.
También puede ayudarnos cuando sabemos que tenemos delante una conversación difícil, una decisión compartida o un cambio que puede generar tensiones.
Trabajar desde la prevención permite poner sobre la mesa necesidades, expectativas y límites cuando todavía existe espacio para escucharnos.
Para mí, esta es también una parte esencial de la mediación: no solo intervenir en el conflicto, sino aprender a relacionarnos con él de otra manera.
Cada situación es diferente.
Antes de iniciar un proceso necesitamos comprender qué está ocurriendo, quiénes están implicados y si la mediación es el espacio adecuado para abordarlo.
Trabajo desde la imparcialidad, la confidencialidad y el respeto a la autonomía de las personas, incorporando también una mirada sistémica que me permite observar el conflicto dentro del contexto y las relaciones en las que aparece.
Mi trabajo no consiste en encontrar una solución por vosotras, sino en facilitar las condiciones para que podáis construirla.
Si estás viviendo una situación de conflicto, tienes una conversación pendiente o crees que la mediación podría ayudaros, puedes contarme brevemente qué está ocurriendo.
Valoraremos si la mediación puede ser un espacio adecuado para vuestra situación y cómo podríamos empezar.
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