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Porqué no obligo a mis hijas a pedir perdón

Es habitual oír entre adultos pedir que las niñas y los niños pidan perdón por algo que han hecho, es casi automático. Seguro que sabéis de lo que hablo, típica escena en el parque dónde uno le pega al otro y el adulto interviene diciéndole: "pídele perdón", el niño va cabizbajo y hace lo que el adulto pide casi sin pensar en lo que está haciendo, sólo cumple ordenes. 

Niños en edad preescolar no saben lo que es el perdón, no han llegado a desarrollar el sentimiento del arrepentimiento.

Hace un tiempo leía un articulo que me gustó mucho la alternativa que daban y los pequeños habían interiorizado la alternativa a pedir perdón, contaban una escena dónde dos niñ@s estaban en el colegio y uno le pisaba al otr@ sin querer y el que pisó la mano le preguntó si estaba bien y a continuación le ofrecía una toallita húmeda para limpiarse.

¡Me pareció genial!

En vez de obligar al niñ@ a realizar una acción lo que estás haciendo es darse cuenta que tiene unas consecuencias, algunas veces con una toallita es suficiente, otras no. Pero en ese momento el niñ@ toma consciencia y es capaz de parar y pensar que aquello que ha hecho al otro puede haberle hecho daño y puede que necesite ayuda o atención.

Os pongo un ejemplo de lo que ha pasado hoy, estábamos las 4 en el comedor y la mediana le ha dado un golpe a la mayor (queriendo) y cómo he intervenido yo.

En ese momento estaba presente, pero si no lo hubiera estado hubiese preguntado por lo sucedido, ¿Que ha pasado? Pero como no era el caso, he intervenido directamente.

-La he acercado a la mayor para enseñarle lo que ha pasado, ¿ves que a tu hermana le has hecho daño?

-Luego le he explicado las consecuencias, ¿ves que está llorando porque no le ha gustado lo que le has hecho?

-Le he preguntado a su hermana si está bien y si necesitaba algo. 

-Le he ayudado a ofrecerle ayuda a su hermana ofreciéndole hielo y la mediana ha ido corriendo a buscarlo.

Es importante que aprendan poco a poco a trabajar la empatía y creo que ésta es una buena manera de ayudarles, dándoles ejemplo y acompañándoles, sin gritos ni castigos. 



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